¿Por qué en Estados Unidos se vota el primer martes después del primer lunes de noviembre?

Te explicamos las razones por las que los estadounidenses votan un día laborable.

La campaña presidencial de Estados Unidos encara su recta final. El próximo martes, los estadounidenses formarán las tradicionales largas colas en los centros de votación para decidir si Donald Trump sigue manteniendo su puesto de trabajo en el Despacho Oval o si Joe Biden es el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Cuatro años después de que se produjera lo que los analistas han denominado el ‘fenómeno Trump’, los ciudadanos votan en un clima más polarizado que nunca. Las tensiones raciales, las decisiones de la administración Trump para enfrentar el coronavirus o la política internacional a golpe de ‘tweets’, son los elementos centrales sobre los que los votantes tendrán que decidir.

Las elecciones se celebran el próximo martes 3 de noviembre, una fecha un tanto inusual para los que estamos acostumbrados a que los comicios se celebren los domingos. Lo cierto, es que Estados Unidos celebra todas sus elecciones el primer martes después del primer lunes de noviembre desde 1845, cuando el Congreso fijó el día por ley.



Esto hace que nadie tenga que anunciar el día de las elecciones, sino que son convocadas automáticamente. Los estadounidenses conocen que ese día de cada cuatro años están convocados a las urnas para elegir a los miembros del Colegio Electoral que, a su vez, elegirá al presidente de Estados Unidos.

La explicación sobre por qué las elecciones se fijaron en esa fecha recae en el contexto en el que se aprobó la ley. La decisión se centró en tres factores: la economía, las infraestructuras y las dos religiones mayoritarias.

El final del verano coincide con el final del periodo de la cosecha, un sector fundamental para los estados del centro y del oeste del país. Tener que elegir entre perder las cosechas o ir a votar en unas elecciones causaría que la mayoría de los ciudadanos decidieran lo primero y se quedaran en sus granjas recogiendo sus cultivos.



En esa época los centros de votación no estaban repartidos entre todas las poblaciones, sino que se situaban únicamente en las capitales de los condados o distritos, por lo que había que desplazarse hasta el centro de votación si se quería participar en la decisión. El estado de las carreteras estadounidenses en 1845 hacía que los carruajes tuvieran que salir de viaje un par de días antes para poder llegar a tiempo, por lo que si se celebraran en domingo, los ciudadanos tendrían que ponerse en camino el viernes o el sábado anterior y no llegarían de nuevo a sus casas hasta el martes.

Para los cristianos esto tendría una consecuencia espiritual, ya que no podrían acudir a sus parroquias el domingo, por estar en otra ciudad. Además, si el domingo caía en el día de Todos Los Santos, tenían prohibido participar, ya que era el día de descanso. Los judíos, directamente, tenían prohibido viajar el sábado, que es el día de las semana dedicado al descanso y a Dios.

Con esta fórmula, las elecciones nunca coincidirían en fin de semana, por ser un martes, y tampoco con el día de Todos Los Santos, por ser el martes después del primer lunes. Como mucho, puede coincidir con el día 2, ya que si el día 1 es martes, se celebrarían la semana siguiente.